MAYLA
Alcé la mirada hacia los ojos oscuros de Marcus, encogiéndome ante la cantidad de embobados que nos miraban sutilmente, negándome a apartar la vista.
—¿Mayla?—, volvió a preguntar mi compañero, ladeando la cabeza, ahora con cara de preocupación al ver mi tambaleante estatura, mi peso cambiando de un pie a otro, haciéndome tambalear ligeramente.
—Deja en paz a la pobre chica, Marcus—, llegó una voz desde el otro lado de la habitación, apenas audible por encima de la música atronadora que s