Capítulo 7 – Huida imposible
La mordedura de Julian latía al ritmo de su corazón.
Elena permaneció tumbada en la cama hasta que la noche fue total. Sus dedos presionaban su cuello, sentían el relieve de los dientes, el calor de la inflamación. El vínculo estaba allí, acechando bajo su piel, un músculo extraño que respiraba solo.
No podía quedarse.
La idea germinó en la hora siguiente a la partida de Julian. No una rebelión —una supervivencia. Si se quedaba, iba a ceder. A él, al otro, a ese cal