Capítulo Veinticinco

Al escuchar mis palabras susurrarle cerca, dejó de besar mi cuello, me miró directo a los ojos, su rostro estaba rojizo y húmedo del sudor. No había dejado de moverse en ningún momento. Cada roce era electrificante, y me llevaba segundo a segundo a mi siguiente orgasmo.

Cerró sus ojos y puso su frente sobre la mía. Intentaba controlar su respiración o controlar los pensamientos de ambos. ¡Maldición Elena, no debiste decirle eso! Miles de pensamientos de arrepentimientos y negativas me
Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App