Mundo de ficçãoIniciar sessãoAl escuchar mis palabras susurrarle cerca, dejó de besar mi cuello, me miró directo a los ojos, su rostro estaba rojizo y húmedo del sudor. No había dejado de moverse en ningún momento. Cada roce era electrificante, y me llevaba segundo a segundo a mi siguiente orgasmo.
Cerró sus ojos y puso su frente sobre la mía. Intentaba controlar su respiración o controlar los pensamientos de ambos. ¡Maldición Elena, no debiste decirle eso! Miles de pensamientos de arrepentimientos y negativas me






