Celeste
Cada paso que me alejaba de él lo sentía como un dolor en el pecho. Hacía pocas horas él me había tocado de una forma tan intensa que mi cuerpo aún recordaba el camino que habían dejado sus dedos; tenía pequeñas marcas en el cuello, mi piel rogaba por él. El rey me habló del futuro, de lo que haríamos juntos, de que me llevaría a un lugar especial. Pero, después de esa cena, él no volvió.
Me quedé en la noche pensando en que volvía a ser lo mismo: yo, la tonta humana esperando por un