Fabrizio
—¡Está funcionando! —apareció gritando Nana. La mujer siempre se mantenía firme y seria, pero por primera vez la vi al borde de las lágrimas.
—Estamos cerca, puedo sentirlo —exclamaba Xavier, ya en modo completo Amorak. Él funcionaba como una especie de brújula. Las guerreras habían dejado sus espadas, excepto la de Rachel, que usaba Índigo para golpear la barrera. Yo escuchaba el metal, chocar en un sonido que no podía ni empezar a describir.
—¡Necesitamos más! —se repetía por todas p