una peligrosa red de engaños.
Al abrir los ojos me doy cuenta que voy en la parte de atrás de un automóvil. Pero tengo las manos y los pies atados.
—Por favor, Adele, déjame salir de aquí —digo muy asustada por lo que pueda pasarme. —Todos me buscarán y muchas personas saben que estaba en tu casa. ¡Para ya este auto maldición Adele!—grito ansiosa. Ella acelera. Ha oscurecido y no veo nada, parece una zona montañosa. La señora Robinson va con ella. Adele ignora mis súplicas.
—Señora Robinson…—susurro intentando obtener s