Los dos cómplices se miraron intensamente, con cosas que decirse, cosas que pesaban en sus corazones. Emma, intrépida como era, rompió la hipocresía que los mantenía cautivos.
– Gracias William, gracias por cuidarme siempre. Tus palabras siempre me conmueven profundamente, dijo.
El joven artista tosió levemente y a su vez expresó su agradecimiento a su interlocutor.
– Después de todo, los buenos modales no son sólo para los animales, sino para personas como tú.
– ¡Gracias William! ¡Eres un amig