Dos meses después.
Teodora, como todos los días, ya se había preparado para ir al bar de refrescos donde ayudó a Mamá Ayaba.
Esta mañana, en su camino hacia allí, se encontró con una amiga de su barrio que la saludó como siempre.
—Pero, querida mía, ¿por qué son los hombres tan malos? añadió la joven.
Sorprendida por la historia, Teodora le preguntó el motivo que lo había impulsado a hacer esa pregunta. La vecina del barrio, empezando a aplaudir, le respondió:
– ¡Los hombres son demasiado malos