El agua de la ducha se calentaba por segundo. Caía con fuerza, como si intentara lavar algo más que el barro.
La boca de Hella se abrió más, dejándolo entrar.
Sus pestañas estaban empapadas, pesadas, manteniendo sus ojos cerrados. Ella no luchó contra eso. Solo se dejó sentir. Su lengua. Sus dientes. La forma en que él la atrajo hacia sí como si ella fuera algo que él había estado buscando.
Ella agarró su cabello, enredándolo en sus dos palmas, luego sus manos se deslizaron hacia la nuca de él,