40. El aroma a lluvia… y a desolación
Sebastian
Administrar las emociones para no perder el juicio.
Eso me había dicho mi padre cuando cumplí la mayoría de edad y dejó en mí poder un imperio del que hacerme cargo. Pero ya no era más un simple crio, y ese imperio se me estaba escapando de las manos.
Era cierto que ahora gozaba de destreza y experiencia, pero era precisamente eso lo que delimitaba mis reacciones. Si yo me equivocaba, si yo fallaba, todos lo harían.
Suspiré.
Lloviznaba esa mañana en roma. En realidad, todavía no amane