Olivia y yo nos miramos por un segundo que pareció eterno. No tuvimos que decir ni una sola palabra para ponernos de acuerdo; nuestros corazones estaban en la misma sintonía desde que despertamos aquella mañana.
—¡Aceptamos! —decimos al unísono, con una firmeza que resonó en toda la habitación.
En ese instante, las sonrisas estallaron en los rostros de todos los presentes.
El ambiente se transformó en algo puro y cálido. Por primera vez en mucho tiempo, nos sentimos verdaderamente felices.
No er