POV Astra
Entramos a la suite, sin decir palabra.
Cerré la puerta tras de mí con un clic metálico y definitivo.
Me di la vuelta lentamente, encontrándome con la figura imponente de Albert.
Lo miré fijamente, sosteniéndole la mirada con una frialdad que ocultaba el fuego que me recorría por dentro.
—Quítate la camisa. Arrodíllate —ordené.
Mi voz no tembló; fue un comando seco, desprovisto de sugerencias, una orden pura.
Él me miró con unos ojos que relampagueaban furia.
Pude ver cómo la mandíbula