POV Azkarion
—Gracias, hijo —logré articular con una voz que sonaba rota, cargada de una gratitud que las palabras no podían alcanzar.
No perdí ni un segundo.
Corrí por los pasillos esterilizados, con la suela de mis zapatos chirriando sobre el linóleo pulido, hasta encontrar al doctor encargado del caso.
—Ya la tenemos —le dije, jadeando—. Ya tenemos a la donante. Es Olivia.
A partir de ese instante, el tiempo dejó de ser lineal para convertirse en un torbellino de batas blancas, jeringas y for