Paloma tomó la mano de su esposo con una naturalidad tan ensayada que me atravesó como un cuchillo lento, cruel, que no cortaba de golpe, sino que se hundía despacio, saboreando el daño.
Sí, Nicandro. Mi ex. El hombre que había marcado una etapa de mi vida que yo creía enterrada bajo capas de silencio, tiempo y decisiones forzadas. El pasado que jamás pensé volver a encontrarme… y mucho menos de esa manera.
Los vi caminar juntos hacia el jardín donde se celebraba la fiesta, envueltos en sonrisas impecables, rodeados de luces cálidas suspendidas como estrellas artificiales y música elegante que flotaba en el aire.
Parecían encajar demasiado bien en ese mundo de apariencias perfectas, donde nadie preguntaba demasiado y todo se maquillaba con champán y cortesías.
Eran la imagen exacta de lo que se esperaba de ellos: una pareja sólida, respetable, intocable.
Sentí entonces la mano de mi hermana, aferrándose a la mía con fuerza, casi con desesperación. Sus uñas se clavaron en mi piel, recl