POV Azkarion
Detrás de mí aparecieron Nicandro y Bora, como dos sombras que emergían demasiado tarde, pero cargadas de una furia imposible de contener. Sus pasos resonaron con violencia en el suelo, y en cuanto estuvieron lo suficientemente cerca, el ambiente cambió. El aire se volvió espeso, irrespirable, como si el mismo espacio comprendiera que algo irreversible acababa de suceder.
Bora fue el primero en reaccionar. Levantó el brazo con brusquedad, el cuerpo tenso, y apuntó directamente a Inés. Su mirada era puro fuego, una mezcla peligrosa de rabia, incredulidad y dolor.
—¿Qué le hiciste? —rugió, con una voz que no reconocí—. ¿Por qué la lastimaste? ¡Está embarazada!
Aquella palabra cayó como un disparo directo al pecho.
Embarazada.
Mi hijo.
Nuestra sangre.
El mundo se me detuvo. Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies y giré la cabeza con desesperación, temiendo lo que ya sabía que encontraría. Verena yacía en el suelo, inmóvil, demasiado quieta. No era el descanso sereno del