POV Ainoha
El olor a antiséptico del hospital se me filtraba por la nariz, recordándome la fragilidad de la vida.
Ver a mi padre ser llevado por los médicos, rodeado de máquinas y uniformes blancos, me produjo un vacío en el estómago que amenazaba con derrumbarme.
El miedo era una garra fría, pero en medio de ese caos de pasillos infinitos, sentí una mano firme sobre mi hombro.
Era Azrael. Su presencia era un ancla.
—Hay una clínica especializada, Ainoha —me dijo con esa voz suya, profunda y ate