—¡Azkariel! —grito mirándolo, sin poder contener la sorpresa—. ¿Tú? ¿Te has colado aquí?
Mi voz sale más alta de lo que esperaba y siento que varias personas alrededor vuelven la cabeza hacia nosotros. Mi corazón late con fuerza mientras lo observo. Todavía estoy tratando de entender lo que estoy viendo.
Él simplemente sonríe. Es esa sonrisa tranquila, confiada, como si todo estuviera exactamente dónde debe estar.
—¡Debes irte! —le digo en voz baja, acercándome un poco más—. Ponte la máscara. Es