POV Verena.
—Mejor cállate, Azkarion D’Argent —le dije, intentando sostener una firmeza que no sentía—. Mañana te arrepentirás de esto.
Mi voz sonó más débil de lo que esperaba. Como si mis propias palabras se quebraran antes de llegar a él.
Él sonrió. Esa sonrisa suya, ladeada, segura, peligrosa. Una sonrisa que no pedía permiso, que no aceptaba límites.
—Nunca me arrepiento de lo que hago, créemelo —respondió con una calma que me erizó la piel—. Sé por qué tienes miedo. Estoy a nada de conseguir lo que quiero. Porque me deseas… lo sabes. Y eso te aterra. Mucho más de lo que admitirías jamás.
No pude decir nada.
Quise responder, quise negarlo, quise levantar una muralla entre nosotros, pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.
Mi cuerpo reaccionaba antes que mi razón. Sentía el pulso acelerado, el pecho subiendo y bajando con dificultad, como si el aire no fuera suficiente cuando él estaba tan cerca.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Caímos en la cama, o tal vez me dejé cae