POV Amatissa
Limpié mis lágrimas con el dorso de la mano, aunque sabía que no serviría de mucho. Sentía el rostro húmedo, los ojos ardientes y el pecho tan apretado que respirar dolía.
Pero ya no podía quedarme ahí.
No después de todo.
Tomé la mano de Aaron con firmeza. No dije nada. No miré atrás.
Si lo hacía… no iba a poder irme.
Caminamos juntos, atravesando el jardín que había sido testigo de todo: de gritos, de verdades, de heridas abiertas. Cada paso se sentía como una despedida definitiva