POV Serafina.
Estaba libre.
Por un instante creí que por fin iba a ganar, que iba a resolverse todo, como todo antes me salía tan bien, y de pronto… todo se fue al demonio.
En cuanto escuché la voz de mi padre, todo dentro de mí se derrumbó como un castillo de arena arrasado por el mar.
No había libertad. Solo había una caída más profunda.
—¡No… no, papito! ¡NO! —grité, sintiendo cómo mi voz se desgarraba desde lo más profundo de mi pecho.
Corrí hacia él sin pensar, como cuando era niña y creía