POV Astra.
Ahí estaba yo, con las muñecas sujetas a los fríos barrotes de la cama, pero no me sentía prisionera; al contrario, estaba completamente atada a su amor, encadenada voluntariamente a la devoción que brillaba en sus ojos oscuros.
La habitación estaba en penumbras, iluminada apenas por la luz tenue que se filtraba por la ventana, creando un ambiente donde el tiempo parecía haberse detenido solo para nosotros.
Cassian se acercó lentamente, como un depredador que venera a su presa, y pron