Kyllian pegó su frente a la mía con una lentitud tortuosa. Podía sentir su aliento cálido mezclándose con el mío, un contraste abrasador contra mi piel que me hacía estremecer antes de que siquiera me tocara.
Por un segundo, creí que me besaría con la ternura que a veces creía ver en sus ojos, pero la suavidad desapareció en un parpadeo.
De pronto, se levantó con una agilidad felina.
Lo observé, confundida y expectante, mientras se quitaba la corbata de seda con dedos expertos.
Sin mediar palabr