Contemplé impasible desde la distancia, por tercera vez en mi vida, a un grupo de personas despidiendo al amor de mi vida. Las lágrimas seguían fluyendo, tres días después de la partida de Silvano.
Desde aquel día que nos rescataron, no volví a verlo. Tras aquel momento íntimo, la noticia me sumió en un estado lamentable y hasta me enfermé. Mis lágrimas eran incesantes, recordándolo día y noche. Cerraba los ojos y lo visualizaba, escuchaba su voz; al abrirlos, sentía sus brazos envolviéndome y