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No supe en qué momento me quedé dormida al llegar a casa. Al abrir los ojos, recuerdo haber regresado de compras con mi madre y haberle contado a mi padre lo que me sucedió. Obviamente, él no me creyó, ya que la idea de que alguien resucite les resultaba inverosímil.
Me incorporo en la cama, frotando mis sienes por el leve dolor de cabeza. Al mirar por la ventana, noto que la noche apenas está comenzando. Esta situación me abruma; me siento triste y desanimada.
Me acaricio el vientre suavem