Elijan me había llevado a su oficina. No entendía qué quería, pero el ambiente se tornaba cada vez más cargado de tensión. Sin previo aviso, comenzó a besar mi cuello con intensidad, sus labios cálidos dejaban un rastro de escalofríos que recorrían mi cuerpo. Sostenía mi cintura con fuerza, como si temiera que me escapara, y yo sentía la lucha interna entre el deseo y la desconfianza.
—¿Qué estás haciendo? —logré preguntar, mi voz temblando entre la mezcla de placer y confusión.
Él detuvo su