Elijan Morgan
Me dediqué a jugar con esos pequeños demonios, haciéndole cosquillas a Rubí, que se retorcía de la risa en mis brazos. Su risa era contagiosa, clara y cristalina, y ver su rostro iluminado me llenaba de una alegría que rara vez sentía. Besé sus mejillas una y otra vez, hasta que me rogó entre risas que me detuviera.
Remo observaba desde la cama, aún algo débil, pero con una sonrisa suave en sus labios. No quería hacerlo reír demasiado fuerte, así que me acerqué a él y le revolv