La mujer del Cóndor: 7 . Golpiza
Regina Stravos
Había perdido la noción del tiempo. Calculaba que llevaba al menos dos días esposada, inmovilizada en esta cama que se había convertido en mi prisión. Al principio, había gritado hasta quedarme sin voz, pero mis súplicas y protestas habían sido inútiles. La única persona que cruzaba la puerta era una mujer del servicio, siempre silenciosa, que me traía las tres comidas del día y me ayudaba a ir al baño.
Lo único que me había dicho fue que Michael no estaba.
Al escuchar eso, un se