La mujer del Cóndor: 36. Pronto todo acabará.
Michael Foster
El olor a pólvora y sangre impregnaba el ambiente, mezclándose con el sudor y los gritos apagados del caos. Me encontraba con mis hombres, disparando sin piedad a los bastardos que manejaban ese sucio negocio. Estábamos disfrazados de oficiales para no levantar sospechas antes de atacar. Este maldito bar no era solo un punto de encuentro para tratantes de personas; era una jaula para niñas inocentes, arrancadas de sus vidas para ser vendidas como mercancía.
Algunas eran rusas,