La mujer del Cóndor: 18. Primer beso.
Regina Stravos
No dejé de pensar en lo que me contó Michael. La noche fue un tormento, con pesadillas horribles que parecían no tener fin.
Al día siguiente me desperté temprano, pero antes de levantarme de la cama, él apareció con una sonrisa y una caja de chocolates en la mano, mis favoritos.
—Te los compré en mi viaje —dijo, como si el gesto fuera suficiente para borrar todo. Luego, con un tono más serio, añadió—: Regina, lamento mucho cómo comenzaron las cosas entre nosotros.
Lo miré