Salí de casa de Regina con el corazón acelerado y la mente llena de preguntas. Tenía que hablar con Ricardo, necesitaba respuestas. Al amanecer, me dirigí a la empresa donde él trabajaba. La ansiedad me acompañaba mientras conducía, y cada vez que pensaba en la situación de Remo, mi determinación crecía.
Entré al edificio, ignorando las miradas curiosas de los empleados. Me dirigí directo a su oficina, sin detenerme ante la recepcionista que me saludaba con una sonrisa.
—¿Está Ricardo en su