Entre gruñidos y sonrisas
-¿Y se supone que ese es tu uniforme de trabajo? —preguntó Helena, alzando una ceja mientras cruzaba los brazos.
Meyrick detuvo su paso en seco frente a la cabaña, con un manojo de papeles en una mano y la camisa sin abotonar del todo. Tenía el cabello alborotado y una expresión de quien no había dormido más de dos horas.
-Es un uniforme flexible -Replicó él, sin dignarse a mirarla. -¿Desde cuándo dictas las reglas del protocolo?
-Desde que decidiste que era buena idea