Desayuno
Algo la hizo fruncir el ceño. Movió su rostro entre dormida intentando apartar algo de su cara. Pero seguía sintiendo una cosquilla suave, constante, como un roce de lana mullida en su rostro. Lía parpadeó, aún envuelta en la pesadez del sueño, y se frotó la nariz, que parecía enterrada en algo cálido y esponjoso.
Algo… ¿Esponjoso?
Abrió los ojos de golpe.
Delante de ella, tan cerca que podía mover los pelitos negros con cada respiración, estaba una enorme cola lobuna, moviéndose leve