Alexandre
Tener a Jaqueline entre mis brazos se convirtió en mi vicio, un placer intenso e incontrolable que dominaba mis pensamientos incluso en los momentos más racionales. Cada día estaba más involucrado y más enamorado. Sonreí al darme cuenta de cuánto ella ya me había transformado. Incluso el whisky, mi compañía habitual en las noches solitarias, había perdido su lugar. A su lado, mi mundo ganó color, sonidos y una ligereza que jamás imaginé experimentar.
Podría pasar horas escuchando su v