Alexandre
La tensión cortaba el aire como una cuchilla afilada. Jaqueline permanecía paralizada, dominada por el dolor y la vergüenza. Me incliné levemente hacia adelante, con los hombros tensos.
—Aline… no te conozco, pero ahora acabas de cruzar todos los límites. Acusar a tu propia hermana de venderse… es despreciable. Es cruel. Y dice mucho más de ti que de ella.
Ella se removió al lado de sus padres, intentando disimular el impacto de mis palabras, pero era evidente.
—Dices eso como si cono