Tienes que mantener la calma… 

Jaqueline

El público gritaba y vibraba. Yo sonreía contagiada por la energía de la discoteca. El bailarín levantó mis brazos y siguió bailando cerca de mí. La vergüenza se evaporó y empecé a contonearme al ritmo de la música. Las otras mujeres elegidas también bailaban divertidas. En ese momento me permití, me sentía libre. Era solo una mujer brillando bajo las luces del escenario.

Las cuatro mujeres y yo quedamos mantenidas bajo el escenario. El bailarín se colocó detrás de mí y sentí sus mano
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