Jaqueline
—¿Aceptarías una invitación de César para cenar?
La pregunta de Alexandre fue directa e inesperada. Ni siquiera tuve tiempo de formular una respuesta. Mis ojos se fijaron en los suyos intentando descifrar qué había detrás de aquella tensión, pero todo se desvaneció en un gesto más rápido que el pensamiento: el beso arrollador.
Tomó mis labios con una intensidad que me hizo olvidar dónde estaba, quién era y qué debía decir o hacer. Sus manos firmes me acercaron con fuerza, como si qui