Jaqueline
Alexandre sonrió, devolviendo las dos piezas al interior de la caja fuerte antes de cerrarla.
—Listo. Ahora todo está guardado de forma segura. No olvides la contraseña, mi amor.
Respiré hondo intentando disipar la opresión en el pecho. La imagen del arma seguía viva en mi mente, pero antes de que la inquietud creciera, Alexandre lo notó. Simplemente me atrajo hacia él y unió nuestras frentes.
—Eh… mírame. —Sus pulgares acariciaron suavemente mi rostro.— Nada va a pasarte. Solo quiero