Alexandre
Salí del ascensor decidido a buscar a Estevão. Necesitábamos hablar. Pero, antes incluso de llegar a su oficina, me lo encontré en el pasillo.
—¡Alexandre! ¡Bienvenido de vuelta! —exclamó, sonriendo. Nos abrazamos con fuerza. Estevão, como siempre, era más que mi mano derecha: un hermano—. Hiciste milagros y lograste volver en tiempo récord.
—Cuando uno quiere, se las arregla. Aun así, tendremos que esperar unos quince días para que se autorice la nueva licencia y podamos retomar las