Gustavo
Me quité el saco y la corbata sin apartar los ojos de Livia ni un solo instante. Cada uno de mis movimientos era firme y decidido. Cuando me acerqué aún más a ella, el aire parecía vibrar. El beso entre nosotros fue intenso, cargado de sentimiento y deseo. Mis manos se deslizaban con reverencia por sus curvas, a través de la tela fina del vestido.
Livia interrumpió nuestro beso, con la mirada firme y el rostro sonrojado. Levantó lentamente los brazos, en un gesto silencioso y lleno de c