Jaqueline
El sonido de las balas resonaba como un trueno dentro de la camioneta. Todo mi cuerpo temblaba. Mi corazón latía tan rápido que parecía que iba a explotar dentro del pecho.
—Por favor… por favor, ¡no me hagan daño! —mi voz salió temblorosa entre sollozos—. No tengo dinero… mi familia es humilde, lo juro.
Uno de los hombres con capucha sonrió con desdén.
—Ah, lo sabemos, princesa —su tono era burlón—. Pero el ricachón que te mantiene… ese sí tiene mucho. Vamos a ver cuánto está dispues