7. Ni te le acerques
El rey alcanzó a agarrar a su prometida, antes de que esta se diera un duro golpe al caer al suelo.
—Niña tonta, no tenías que descuidarte, ¿ahora quién cuidará de ti? —murmuró olvidándose de las doncellas en la habitación.
—Llamaré a uno de los guardias para que lleve a Lady Selene a su habitación —se atrevió a decir una de ellas, ganándose una mirada sería por parte del Rey.
—No es necesario, me haré cargo de Lady Selene —dijo—. Llama al médico y tú, trae un poco de sopa caliente —ordenó.