Pasaron seis meses.
No en silencio; nada en nuestras vidas había aprendido a ser silencioso, sino ordinario. Lo cual, según había llegado a comprender, era lo mejor. Cotidiano significaba que la crisis había terminado. Cotidiano significaba que la guerra había terminado y que lo que quedaba era la textura específica y constante de una vida vivida, no simplemente sobrevivida.
La rosa trepadora que crecía junto a la pared sur había crecido quince centímetros.
La medía el primer día de cada mes co