### PUNTO DE VISTA DE ALINA
Todavía no podía creer que hubiera conducido todo ese camino solo para recogerme. En serio.
Seguí a Lila sin decir palabra, con pasos ligeros, casi pidiendo disculpas, como si temiera que el propio suelo pudiera rechazarme. La vergüenza se me pegaba a la piel igual que el calor de la tarde: pegajosa, sofocante e imposible de sacudir. El arrepentimiento también se asentaba en algún lugar de mi pecho, pesado y sordo, pero no hacía ruido. Ya nada dentro de mí gritaba. T