Me puse de pie, temblando, estremeciéndome por completo.
—¡Alinaaaaa! —grité, buscando desesperadamente alguna abertura por la que pudiera entrar. Pero el lugar entero estaba envuelto en llamas. —¿Alina, estás ahí dentro? ¡Di algo!
—¡Edrick! —Era John. Me sujetó con fuerza, impidiéndome lanzarme al fuego.
El calor desde donde estábamos parados era suficiente para derretirnos la piel. Pero no me atrevía a dar un paso atrás. No sin ver a Alina.
—¿Dónde está ella? —Estaba llorando literalmente.
—S