Amaya
—Esto tiene que ser una pesadilla…
—Si te sirve de consuelo, hermanita, lo hace para protegerte —dijo Hiro.
La mirada que le dio nuestro padre lo hizo callar de inmediato, tanto como para que voltease la cara.
—¿De qué está hablando?
—Cuando lleguemos a Los Ángeles, hablaremos de todo, te lo prometo, suki —contestó mi progenitor y fruncí el ceño.
Negué, tenía algo de miedo y no se me pasó la mirada seria que Hiro le dio a Hiroshi, una que me hizo preguntarme si era algo natural, usual, qu