Amaya
—¿Qué demonios estás haciendo? —le pregunté molesta, aterrada por la situación que para mí era inaudita.
—Te estoy haciendo una promesa —dijo con calma y cuando menos lo esperé, tomó mi mano y de un movimiento rápido la cortó y me hizo sangrar—. En mi familia, hacemos los tratos con sangre y la quemamos como símbolo de que se va a llevar a cabo.
Sin pensarlo mucho, me hizo caminar hasta el otro lado de la biblioteca, ahí encendió una maldita vela y escribió el acuerdo, uno que era demasia