Amaya
Luego de unos minutos mi esposo entró, la vio en mis brazos, me observó con algo de molestia y frunció el ceño.
—La llevaré a dormir —dijo justo antes de cargarla en sus brazos.
—Ella…
—No la excuses, creo saber qué es lo que está pasando aquí —dijo entre dientes—. Y quiero que mañana a primera hora tu hermano se marche cuanto antes.
La petición no me extrañó, mucho menos me sorprendió, pero sí me dolió un poco la decepción que mostraban sus ojos, como si estuviese completamente molesto p