Amaya
Yo aún no entendía nada, pero al caer la noche y ver que mi marido no se presentaba a dormir, asumí que terminaría siendo una especie de locura agregada al nuevo paquete de sorpresa que no paraba de darme la vida. Uno que, sin duda, era toda una amalgama de nuevas sensaciones, así que salí a buscarme un muy buen libro, uno con todo lo necesario para pasar la noche tranquila, no obstante, cuando llegué ahí, la puerta del lugar sagrado estaba abierta y Gemma estaba hecha un ovillo en una es