Abro mis ojos y parpadeo varias veces al incomodarme la luz. Noto que tengo oxígeno puesto y una intravenosa en mi mano, y sobre todo, el dolor punzante que aún persistía en mi estómago.
Aún sigo con vida - digo para mí en mi mente. Lo último que recuerdo es estar tendida en el mausoleo, en un charco de sangre, mientras Alexander venía hacia mí y lloraba intensamente. ¿Acaso fue un sueño? - me pregunto exasperada. Alexander llorando por mí... no podía creerlo, aunque se veía tan real ese sueño.