El aire en el sótano se volvió más pesado, sofocante. Aslin sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando la figura oscura del hombre dio un paso más hacia ella.
Las sombras ocultaban su rostro, pero ella lo recordaba. Lo recordaba demasiado bien.
Las manos enguantadas. La bata blanca. El frío del metal contra su piel infantil.
Y la aguja.
El pánico le oprimió el pecho.
—No… —susurró, su voz apenas un hilo tembloroso.
El hombre se detuvo justo frente a ella. Su silueta era imponente, pero n